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PigoanzaCacique poderoso de origen Panche y de una gran magia

En los siglos donde la palabra recorría todo el Tolima por las bocas de los suyos, porque hubo un tiempo en que lo único que tenía el hombre era su palabra, vivió un Cacique poderoso de origen Panche y de una gran magia. En las tribus se le conocía como Acaime el Mohan o el hechicero. Acaime pertenecía a una estirpe guerrera que se enfrento constantemente con los Chibchas, sus enemigos y con los españoles, crueles invasores a los que había que destruir en forma total.

ACAIME
Acaime, el mohan o hechicero, natural de Panchi, se propuso derrotar a los españoles en todas partes. Los indígenas lo llevaban en andas, bajo un palio de estera y vestido con la camisa y faldón de una española, Maria Mercado, asesinada por los indios. Los indígenas acudían a él pa´ pedir concejo y pa´ que intercediera en las aguas cuando los ríos estaban secos. Por eso ese fue uno de los primeros Mohanes que significa: el que cuida de las aguas. Acaime tenía poderes especiales para comunicarse con los espíritus, presidir las prácticas religiosas y desempeñar los oficios de curanderismo.

pigoanzaPor allá una tarde caliente volaba altiva la garza y el sol radiante convertía a las hojas cayentes en brillos de colores que se deslizaban sobre las aguas del río grande, llamado Magdalena en honor a una santa; por ahí por lo que es hoy Purificación, estaba sentado Acaime, debajo de un árbol, sobre una piedra, al lado de un remolino, cuando se le presentó la visión de los espíritus. En ella se veía a un Dios dorado que mataba a los españoles. Este dios prometía que cuando estuvieran juntos los cristianos y sus caballos, sacaría fuego de debajo de la tierra y los quemaría vivos. Según Acaime, el dios de oro mandó a matar a los cristianos por crueles y opresores.

Acaime tomó la decisión de contarles a sus hermanos sobre su visión recorriendo la tierra de Yalcones, Panches, Pijaos y Quimbayas. En su camino se cruzó con grandes caciques que buscaban concejo y le pedían que intercediera por sus pueblos ante los espíritus. Llegando a la zona montañosa, por lo que es hoy el parque de los nevados, encontró la tribu Pijao que estaba en espera pues el cacique esperaba un hijo que en instantes nacería. Como era la costumbre, el cacique le pidió a Acaime que le preguntara a los espíritus de la montaña cual sería el nombre de su hijo. Acaime se internó en la montaña y ella espero que fuera el momento y le pregunto a la montaña el nombre del próximo cacique. La montaña tembló, los vientos aumentaron sus voces y en medio del agua se levanto el espíritu en forma de cascada y le dijo a Acaime: - El niño debe llamarse Calarcá. Acaime dio su pagamento y regreso a la tribu y nombro al niño Calarcá. ¿Cuál sería el destino de aquel niño que nacía en la noche, en medio del fuego y el tigre?

Antes de irse de la tribu, Acaime les dijo a los hombres que el tiempo del dios de oro llegaría pronto, pero tendrían que estar preparados, pues los espíritus le decían que no sería fácil la lucha contra los cristianos. Acaime siguió sui camino no sin antes decirles que él enviaría la noticia para el tiempo del dios de oro.

Y aquel niño fue educado en el arte de la caza y la guerra. Todos los días se levantaba y se dormía en presencia de la noche; aprendió rápidamente, él mismo cazaba su propia comida. Dominó y enfrento sus miedos. Todas las tardes subía a la montaña y allí se detenía, en silencio. Veloz como el viento, rápido como el rayo y mortal como el tigre. Calarcá se convertía en el guerrero legendario que debía ser.

Llegó al fin el día donde se probaría el coraje del guerrero. Calarcá era ya un hombre y como siempre estaba en la montaña esperando el amanecer, cuando un indígena Pijao, llegó con la noticia que su padre estaba mal herido y lo llamaba. Al estar Calarcá en presencia de su Padre se enteró que este junto con algunos guerreros había hostigado a los españoles en su lucha frenética por fundar una ciudad que conectara a Santa Fe con Popayán. En este enfrentamiento habían caído más de 70 Pijaos en donde se incluía el padre de Calarcá que para ese tiempo y después de ver a su hijo cerró los ojos para irse con los espíritus. Ahora Calarcá se convertía en el Cacique de los Pijaos, en el Cacique Calará.

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